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Publicado por en 25/01/2015 el Artículos de alumnos | 0 comentarios

Calificar como «democracia plena»

Por Jimena Olascoaga Pritsch.

Mientras hurgaba en algunos portales de noticias me tope con una nota en la BBC que  según un informe de The Economist Intelligence Unit  realizado para esta cadena de noticias, sólo dos países de la región -Uruguay y Costa Rica- califican como «democracias plenas» con índices de 8,17 y 8,03 respectivamente. [1]

Como buena uruguaya post mundial FIFA 2010, me llene de orgullo nacionalista y empecé a camisetear con amigos de otros países latinoamericanos. Me sentía en un oasis de democracia, ya saben, la Suiza de América y 10 más. Los investigadores, según decía el artículo, evaluaron no sólo el acceso a las urnas “sino cinco factores más: proceso electoral y pluralismo, libertades civiles, funcionalidad del gobierno, participación política y cultura política.”

Pero como todo lo bueno dura poco, me tope con un post en Facebook de una chica – que no conozco –  que narraba como la habían acosado en un  306 destino Casabó, más precisamente el Coche 67 – LÍNEA U.C.O.T[2]. El relato me dejo atónita y sinceramente me dio miedo, lo pensé y me di cuenta que me aterró un poco porque sé que es real.  A la gran mayoría de las mujeres nos ha sucedido algo similar – no importa que seas linda, fea, flaca, gorda, lleves minifalda, pantalones o vestido largo –  y la verdad es que tener miedo cuando me tomo un bondi y se vacía o si camino por una calle poco transitada me indigna.  No es justo.

En el minuto que me llevo leer el post se me desinfló el nacionalismo y guarde la camiseta, ya no estaba en un paraíso de libertades. Por supuesto que la inseguridad es un tema que nos afecta a todos, pero hasta la inseguridad discrimina.  Ser mujer en Uruguay cuando caminas por la calle no es lo mismo que ser hombre. El acoso y el acoso callejero en especial es un tema que como sociedad no hemos abordado justamente y con la seriedad que requiere.

Si hay algún hombre que continuó leyendo, tranquilo, no vengo como feminazi quemando sostenes y pidiendo que penalicen el piropo. Que me digan bonita o algo ingenioso para halagarme no me molesta y por el contrario probablemente me haga sonreír. Lo que me molesta, me da miedo y me indigna es que me denigren, me conviertan en un objeto sobre el cual tienen algún derecho de abusar o vejar simplemente porque osé pasar por donde posaban la vista.  No quiero volver a tener que apretar los ojos y rezar porque alguien decidió acercarse por atrás  a decirme al oído “mamita si te agarro, te rompo toda”.

¿Y que tendrá que ver todo esto con ser una democracia plena?  La verdad, tiene todo que ver. Vivimos en un país que según la ONU rankea 60º en mujeres con cargos ministeriales, estamos por debajo por ejemplo de Emiratos Árabes Unidos, Mozambique, y muchos otros países que probablemente no podamos ubicar de memoria en el mapamundi. Si vamos a la sección de mujeres en el parlamento estamos en el puesto 103, bastante por debajo del promedio mundial y mucho mas del promedio de las Américas.[3]

Vivimos en un país que desde lo más sencillo hasta lo más complejo, desde lo cotidiano hasta lo extraordinario no ha sabido nunca tratar a las mujeres como iguales, que es lo mismo que decir que somos personas pero no tanto. Y eso no es una democracia plena.

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