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Publicado por en 23/04/2014 el Artículos de alumnos | 3 comentarios

¿Cómo creamos un mundo nuevo?

 

 

Por Ignacio Verón

 Me pregunto si Nelson Mandela en Robben Island se hizo esta misma pregunta. El que estaba en la oscuridad, preguntándose como traer luz al mundo. O si se la formulo Martin Luther King cada vez que fue vapuleado por exigir igualdad.  Así como en estas almas grandes reconocidas mundialmente por su amor al otro, pienso también en las miles de personas que sirven al bien en el anonimato, los que meten sus pies en el barro de una villa de emergencia o en una favela,  los que preparan un plato de comida para el que tiene hambre, los que luchan contra ese asesino serial llamado “Paco” (pasta base de la cocaína), el residuo del residuo. Estas almas creyeron y creen en algo más poderoso que toda la pobreza, el odio y la violencia del mundo. Algo que perfora los muros de las cárceles y funde el metal de las armas, estas almas creyeron y creen en el amor.

Para intentar contestar la pregunta del principio, se me ocurre pensar en tres cuestiones, tres “chispas”:

La chispa de la educación. Leyendo descubrí a Hesíodo, un poeta de la antigua Grecia que sostuvo: “La educación ayuda a la persona a aprender a ser lo que es capaz de ser”. “Aprender a SER”, actualizar la potencia al acto, pulirla, lograr su mejor versión.  ¿Cómo nos estamos educando?  Argentina por ejemplo quedo en el puesto 59 de 65 países participantes en la últimas pruebas “PISA” (Program for International Student Assessment), realizadas por la OECD (Organisation for economic Co-operation and Development) que miden el rendimiento de alumnos de quince años en asignaturas tales como lengua, matemática y ciencia, a fin de determinar la valoración internacional. Chile fue  el país mejor situado en la  región al colocarse en el puesto 51 y Perú el ultimo, ocupando el puesto 65. Sin querer agotar el universo de la educación en una estadística que por supuesto tendrá sus falencias, llama la atención el bajo nivel de desempeño en toda Latinoamérica.

Ahora, ¿se agota en lo académico lo que debe contener el sistema educativo? ¿Está sirviendo para mejorar la sociedad en la que se encuentra inmerso el hombre de hoy? ¿Incluye al prójimo? ¿Lo integran valores. Tuve recientemente la oportunidad de asistir a una clase de educación física en una escuela pública y en un  colegio privado. Pude percibir el alto nivel de competitividad que inculcan los profesores en los niños. Será “el mejor” o ganara la competencia el que corra más veloz o será el capitán del equipo aquel que sea más habilidoso en el futbol. ¿Sera una utopía muy grosera modificar estas creencias y que “el mejor” sea el que colabore a que estemos “mejor” todos? No lo sé, pienso en  lo mucho que me enseña un niño que siendo el más veloz de su clase, también es el primero en darse la vuelta para ayudar al que viene cansado un poco más atrás. Detener un instante la desesperada carrera de nuestra vida por “llegar”, para girar al costado o ver hacia atrás, por si acaso pueda echarle una mano a ese otro que corre conmigo, para que en lugar de que solo llegue yo; lleguemos.

Me pareció interesante en este aspecto mencionar el caso de Dinamarca. Basado en un modelo de Estado de Bienestar, posee  educación  gratuita para todos sus ciudadanos y de muy alta calidad. El sistema educativo danés se caracteriza por una serie de principios: la enseñanza se considera un instrumento de formación que promueve la democracia y la igualdad, de manera que la escuela pública es una escuela unitaria en la que no se separa a los alumnos en función de, por ejemplo, sus aptitudes o su procedencia social. Las clases no solamente se centran en los conocimientos académicos, sino que procuran que los alumnos desarrollen una capacidad de diálogo y colaboración. Desde el preescolar se les enseña a trabajar en grupos y a solucionar problemas de forma pacífica y dialogante. No sorprende luego que Dinamarca encabece el ranking mundial realizado por “The World Justice Proyect”, organización que se encarga de promover el Estado de Derecho en todo el mundo. No sería muy herrado pensar, que los valores que la sociedad danesa cultiva  en sus familias y en sus aulas, traen como resultado una Dinamarca que posee, según el informe “The Rule of Law” elaborado por “The World Justice Proyect” uno de los gobiernos más responsables y menos corruptos del mundo, el respeto más elevado a los derechos fundamentales y una justicia en lo civil y penal diligente, efectiva.

La chispa de los Valores. En “Meditaciones” Marco Aurelio dice “La vida es corta, el único fruto de la existencia sobre la tierra es una disposición virtuosa y las acciones comunitarias”. Una vuelta a la honestidad, a la solidaridad, al servicio, a la familia desde la familia. Por supuesto que hace falta dinero para cubrir necesidades básicas, claro está que todos necesitamos comprar nuestro pan de cada día, pero quizás si en nuestra  familia, en nuestro grupo de amigos, nuestra comunidad, nuestro país, nuestro mundo cultiváramos mas valores y menos individualismo, menos cultura del “yo” y mas cultura del “nosotros”, en palabras del papa Francisco, “cultiváramos el encuentro”,  ese pan y ese dinero llegarían, de una u otra forma, lo haría. Nos esmeraríamos para que el otro no pase necesidad, por que “ese otro”, también soy yo, podría haber sido yo. Quizás  no habría tanta tristeza y desesperación, producto de ese veneno social  que es la desigualdad, la indiferencia, el no “ver” al otro.

Mirar a la persona que pide una moneda, mirarlo a los ojos, interesarme mínimamente por saber cómo es su nombre, preguntarle cómo se encuentra. Son unos segundos apenas los que toma “ver” a alguien. Todos necesitamos que nos vean a los ojos, que nos den afecto, que alguien se interese por nosotros, todos necesitamos que nos conviden un poco de amor. Tal vez no cambie la vida de esa persona, tal vez esas pequeñas acciones no la saquen de la calle, ni siquiera me atrevería a decir que esa acción “hace su día”. Pero de lo que si estoy absolutamente convencido es que por un instante de sonrisa, por unos segundos en los que ya no somos tan extraños, en los que no hablamos de diferencias, sino de lo que tenemos en común, tanto esa persona como yo ,crecemos, aprendemos y recibimos una caricia al alma. Quién sabe, tal vez esas pequeñas caricias se multiplican, y de pronto crean un mundo más humano, más sencillo, que mira y que escucha, un mundo donde” si te duele, me duele””Si te alegras, me alegro”.

La ultima chispa, Perdonar. Perdonar la historia de los pueblos. Perdonar a los gobiernos. Perdonar al que delinque. Perdonar al que insulta, golpea, denigra. Perdonar al que está en la cárcel, a los que golpearon a miles de estudiantes hermanos en Venezuela, perdonar a los que cargan armas en las selvas de Colombia, perdonar a los que marchan hacia Crimea, así como perdonar al que mañana robara o asaltara en mi país. Perdonar porque también necesitaremos alguna vez que nos perdonen. Difícil y empinado, pero me temo, único camino. Un perdón activo, que nos inquiete, que nos mueva a la acción sacándonos de nuestra  zona de confort  y constante queja. Un perdón que comience por revisar mi  accionar, que me lleve a preguntarme que es lo que estoy haciendo  para que esto sea un mejor lugar para vivir. Una chispa de esperanza se enciende cada vez que devolvemos amor al que  nos  plantea guerra. Después de todo, basta solo una pequeñísima chispa de luz para que ya la oscuridad no sea absoluta.

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