Menú
TwitterRssFacebook
Categorías

Publicado por en 31/03/2014 el Testimonios | 0 comentarios

El Experimento Botín

Por Kevin Stephen Acosta, Medicina- Universidad del Tolima

 

Haber sido uno de los dos primeros estudiantes de medicina en hacer parte de la beca de la Fundación Botín para el fortalecimiento de la Función Pública en América Latina no fue fortuito. Para mi fue un experimento, uno que viví como una película. No documental, sino de acción.

Hay muchas, muchísimas cosas que no contaré puesto que, como ya se ha vuelto tradición entre los becarios y es también un objetivo de la Fundación, esta experiencia busca arrasar con nuestras expectativas y sellar para siempre el amor con el servicio público.

Preparé mi video de aplicación luego de trasnochar, llegaba de Cali de una reunión del Consejo Directivo de ASCEMCOL. Ya había preparado mi guión pero era la primera vez que hablaba ante una cámara. Finalmente sucedió. Luego de una labor de edición de un amigo de comunicación social en mi universidad (Universidad del Tolima) allí estaba el video. Y como no citar a Virchow, esa mezcla ideal entre médico y político del que todavía aprendo mucho.

Y bueno, allí estaba yo ese día, más bien esa madrugada, despertándome a las 3 am para ver si ya se habían publicado los resultados: ALLÍ ESTABA MI NOMBRE. Era increíble. Lloramos todos en casa y agradecimos que el universo conspirara a nuestro favor. Luego de trámites de visas, de seguir estudiando y de suspender el semestre en la mitad, comenzó de verdad todo. Demasiadas expectativas, pero no las suficientes como para lo que vino.

En el aeropuerto conocí a Carolina, colombiana y compañera becaria. Ahora amiga, hermana. Llegar a Boston y conocer a Óscar, ese hermano costarricense que nos hacía falta a los 39 becarios y compartir la primera semana con él fue espectacular. Conocer a otras 38 personas (repito: hermanos) de distintas procedencias geográficas, de entrada con muchas diferencias en trato, gustos, vestimenta e ideología fue un choque que sólo me di cuenta de haber superado cuando estaba en mi habitación en Ibagué, mi ciudad, con mi corazón envuelto en Saudade.

Desde el principio fue intenso: Viajes, conocer 40 personas en un día, ciudades nuevas, mucha comida. Nada comparado con alguna experiencia anterior. Muchos miedos. Demasiado aprendizaje. Profesores que ni que para qué decir. Si pudiera definir la calidad del programa con una palabra, sería Top.

Luego de Brown todo comenzó a hacerse mucho más potente. Jornadas de 8 a 10 horas de estudio, trabajos grupales, visitas guiadas, coaching personal y grupal, encuentros y retroalimentación, todo con las mejores personas, las más preparadas, los más humanos.

Yo, como estudiante de medicina, nunca había tenido una clase de teoría del derecho. Adivinen cuál fue la primera clase en España. Afortunadamente creo poseer una conciencia política y nutrirla en el día a día con lectura, discusión y reflexión. Pero los elementos que pude obtener durante la beca fueron absolutamente fastuosos. Me salí durante casi toda la beca (porque también se analizaron temas de salud) de mi zona de confort. La amplié, y se sigue ampliando gracias a los fundamentos personales, académicos y vivenciales que obtuve en la beca.

Providence, Madrid, Santiago de Compostela, Valle del Nansa, Cantabria, Bruselas, Brujas, Sao Paulo y Brasilia. Conocer el campo de Cantabria como creo que nadie más lo hubiera podido conocer (Nadie tenía compañía tan cálida y nutritiva como la nuestra en esos días), con equipos dentro de nuestro grupo que formaron subfamilias y con experiencias inolvidables de autoreflexión y autodescubrimiento.

Cuatro países para enamorar a cuarenta personas de la función pública. Finalmente lo que a mi me enamoró fue esto: Entender que, luego de que todos nos sentíamos diferentes en modos de ser, ideas políticas, religión, orientación sexual y estilos de vida, esto se borró cuando entendimos cada una de nuestras mentes y corazones, y que lo que nos une es monumental en comparación con lo que nos separa. Nos entendimos, y entendimos que a América Latina le falta eso: comprensión, ayuda mutua y guarnecimiento de nuestros ideales. Finalmente todos trabajamos por lo mismo.

Publicar una respuesta