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Publicado por en 26/03/2014 el Artículos de alumnos | 0 comentarios

La comunidad de la información y del conocimiento: Open Data Policy in Between

Por Catrihel Greppi Caillava.

“Data! Data! Data!” he cried impatiently. “I can’t make bricks without clay.”

S.H.

La convicción universal de que el libre, rápido y efectivo acceso a la información debería ser más que un sueño en los tiempos que corren lo ha convertido, finalmente, en un proyecto. Este ultimátum proviene, en gran parte, de la unión de esfuerzos de todos los sectores de nuestra sociedad en contra de las barreras que nos impiden acceder a “esa” base de datos o, incluso, ante la inexistencia de la misma. Y es que el proceso para transformar una idea en la explicación o, siendo más ambiciosos, la solución de un problema, no distingue disciplina, origen ni ocupación: es necesario ir a las raíces.

Si bien es cierto que sería ingenuo –y poco modesto- convencernos de que lograremos este objetivo solo mediante la investigación, por profunda y abarcativa que pretenda ser, si contamos con el software adecuado, las herramientas estadísticas y analíticas, algunas entrevistas y, lastbutnotleast, un equipo lo suficientemente interdisciplinario, estamos en buen camino.

Aun así, algo nos está faltando… Ah, sí, los datos. ¡Los datos! Edwards Deming lo dijo: “In God we trust. Allothersbring data.”

Si hay algo que no puede negarse y difícilmente pueda discutirse hoy en día es que un conjunto de datos es un recurso valioso, una fuente de información que mejora el proceso de toma de decisiones y nos permite comenzar a conocer, comprender y explicar el mundo que nos rodea: la materia prima de la sociedad de la información y el conocimiento (Wiener, 1948).

Naturalmente, se presentan algunas opciones al emprender cualquier investigación: limitar nuestras ideas a los datos existentes o fabricarlos, si somos más audaces. No obstante, “los de las ciencias blandas” sabemos bien que esta última opción no siempre está disponible y hemos aprendido a convivir con ello. El problema surge, paradójicamente, cuando las restricciones nos son exógenas.

Entonces, nos damos cuenta de que, por más sofisticadas que sean nuestras teorías y técnicas analíticas, nos hemos atrasado en algo fundamental y hemos perdido un valiosísimo tiempo en la búsqueda de soluciones a los problemas e interrogantes más urgentes de nuestra era.

Afortunadamente, somos testigos y protagonistas de un movimiento global que empezó unos pocos años atrás y que pretende derrumbar algunas de las barreras que separan los hechos de la información y la información del conocimiento.

Se trata de las iniciativas a favor de la apertura de datos u Open Data Policy: los gobiernos de todo el mundo han comenzado a implementar políticas diseñadas para garantizar el acceso y disponibilidad al público de sus datos, en formatos gratuitos y útiles. Ahora bien, ¿qué tan protagonistas somos?

El ciudadano ilustrado… en la lectura de datos

‘It is a capital mistake to theorize before one has data. Insensibly one begins to twist facts to suit theories, instead of theories to suit facts.’

S.H.

A pesar de que el panorama resulta alentador y no se puede negar la creciente preocupación y ocupación global, debemos reconocer que se trata de un proceso gradual y un trial and error en muchos sentidos. En efecto, es de esperar que algunas sociedades sepan asimilarlo antes que otras, se vaya expandiendo y colando en los distintos puntos geográficos pero, aun así, se debe tener en mente que lejos de ser un hecho, todavía es un proyecto y que es nuestra responsabilidad aprovechar la oportunidad y hacerlo efectivo.

Y es que si bien es poco lo que se puede debatir acerca del acceso universal como meta, estamos cortos en estrategias. Solo en este punto entran en juego cuestiones tan banales como el tipo de plataforma -“user-friendly”- a elegir y tan fundamentales como la preocupación por los vastos sectores de la población que aún no cuentan con los recursos necesarios: condición sine qua non de este fenómeno.

Por otra parte, en un escenario en el que dejamos de ser meros consumidores de esta materia prima para convertirnos en eslabones de la cadena de valor, el sistema educativo no se queda atrás en su share de responsabilidad: los datos hablan sobre nosotros y su lectura debería formar parte de nuestras competencias básicas.

En particular, y sin pretender subestimar el rol de los incentivos y el costo en el que incurre el agente al “crear” la información, sino más bien iluminar otros aspectos del debate, creemos que el share individual en este asunto consistirá en el compromiso, capacidad y voluntad de crear información y compartirla.

Asimismo, incluso en un contexto ideal de acceso universal y garantizado a cualquier tipo de información en tiempo y forma, se vuelve cada vez más necesario ser capaces de reconocer la importancia de la interdisciplina, el diálogo y el trabajo en equipo. Este reconocimiento empieza a manifestarse en la proliferación de “comunidades virtuales de la información”, de las cuales los foros y observatorios de investigación no son más que algunos ejemplos.

Cuando el fin último de la investigación consiste en encontrar la verdad, sumar esfuerzos en pos del bien común, la respuesta es más fácil: compartir datos e investigaciones debería ser la opción “inteligente”.

Hubo una época en la cual el acceso a la información era lo que nos diferenciaba, nos daba una ventaja sobre el resto. Hoy, en la era de los “datos abiertos”, el quid de la cuestión residirá en el uso hagamos de este recurso.

Bajo estas premisas, el valor agregado de la educación ya no consistirá en adquirir conocimientos, sino habilidades y capacidades relacionadas con el manejo de las nuevas herramientas y datos disponibles, a saber: filtrar, crear y recrear, decodificar y leer, buscar, descubrir, compartir y, sobre todo, transmitir: Whatoneman can inventanother can discover (S.H.).

Servidores públicos: desafíos y oportunidades

Knowledgeispower. Information is liberating. Education is the premise of progress, in every society, in every family.

Kofi Annan.

¿Cuáles serían las implicancias de este movimiento para los gestores públicos? En primer lugar, surgen preguntas acerca de las diferentes razones que justificarían la necesidad de una regulación y, en este caso, el rol que debería ocupar el Estado. Partiendo de la vieja intuición económica de que los intereses privados suelen no estar alineados con el interés social y/o público, surgen preguntas sobre la seguridad y el rol de las instituciones: las Reglas del Juego.

En efecto, lejos de tratarse de un recurso inofensivo, los esfuerzos de las autoridades para ocultar y/o descubrir datos, yendo más allá de lo verídicamente posible, nos alertan sobre su doble filo.

Por otra parte, en gobiernos con una difícil trayectoria marcada por bajos niveles de expectativas y credibilidad en el sistema político, en un mundo en el que ya no nos sorprende que la confianza sea muchas veces mayor entre ciudadanos que hacia las autoridades a cargo de tomar las decisiones que impactan sobre nuestro bienestar, el rol de la información y el acceso a esta se vuelve, cuanto menos, crucial.

Sin dudas, estamos frente a una variable con el potencial de aumentar la participación ciudadana, la inteligencia pública, el debate informado, la toma de posturas. Y, por qué no, la credibilidad y legitimación del accionar público.

Entonces, el acceso a la información verídica y verificable, la presión sobre los gobiernos para rendir cuentas en forma masiva de sus acciones y decisiones, se transforma en un arma poderosa en manos del ciudadano para contrarrestar los vicios más nocivos que percuten la realidad del mundo y, en particular, latinoamericana.

El mayor grado de transparencia por parte del sector público, sin dudas (y valga la redundancia), legitima: crea confianza.

¿Qué significa todo esto para el sector privado? Así como el gobierno se compromete a rendir cuentas y explorar su nuevo rol como regulador y productor de un recurso que no tiene por qué ser escaso, las empresas deben aprender a diferenciarse en este nuevo entorno.

En particular, mientras que en otros tiempos, la ventaja comparativa de los llamados “emprendedores” podía basarse en el acceso a información exclusiva, el asunto es un poco más complejo en esta era de colaboración.

Si bien los incentivos a la innovación se ven multiplicados, el componente de la tasa de retorno cambia: lo que nos diferencie no debería ser –idealmente- la asimetría informativa sino el uso que hagamos de esta nueva materia prima.

Más allá del mercado que pueda configurarse en torno al negocio de los datos, las empresas también se nutren de estas fuentes de información y, si son capaces de aprender a aprovechar este recurso de manera innovadora, descubrirán que las ventajas del nuevo contexto prometen tanto a largo como a corto plazo.

América Latina: un asunto de colaboración

Aunque no pretendemos discutir por qué este movimiento despertó en algunas regiones antes que en otras, debemos reconocer la ventaja de los antecedentes previos en cuanto a los desafíos y obstáculos que podrían llegar a surgir y la necesidad de focalizarnos en los aspectos y problemáticas inherentes a nuestra propia región.

Si bien es cierto que llevará tiempo seguir el ejemplo de las economías más adelantadas, lejos de verlo como un factor disuasivo, deberíamos ser capaces de percibir la oportunidad que se nos presenta para unir esfuerzos.

Las nuevas posibilidades de comunicación e interacción a través de la digitalización hacen hoy posible –y más fácil que nunca- la investigación a través de las fronteras: la disponibilidad de la materia prima –los datos- o los medios para obtenerlos, simplifica esta tarea y fomenta este tipo de iniciativas entre pares a la vez que se nutre de ellas con la creación y recreación de bases y fuentes.

La mayor transparencia, producto del incremento en la universalidad y agilidad del acceso a los datos y a la información en general, debería ser un objetivo deseable y prioritario en toda comunidad, más allá de los debates que puedan (y deban) surgir en cuanto al rol de cada agente involucrado.

El Estado y las empresas enfrentarán, eventualmente, el dilema: tomar precauciones y “cubrirse” ante estos nuevos desafíos o reconocer las oportunidades y flowwith the tide. Los ciudadanos no deberíamos reparar en reflexionar sobre lo que nos toca y exigir nuestro share de este recurso: participar en el proceso de toma de decisiones, la investigación, explicación y resolución de problemáticas actuales. Después de todo, es este libre acceso a la información lo que nos hace “ciudadanos globales”.

En suma, los datos pueden llegar a ser ese lenguaje común entre disciplinas, así como también un vínculo entre distintos sectores de la sociedad, países y regiones para integrarse en estos tiempos de colaboración. Es por todo esto y quizás más que la ODP no debería ser un mero proyecto sino un conjunto de principios y valores comunes a todos los ciudadanos que crean en la conformación de una región más sólida, transparente y justa.

REFERENCIAS

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III. Davies, T. (2010), Open Data, Democracy and Public Sector Reform. A Look at Open Government Data Use from data.gov.uk.

IV. Hess, C. y Ostrom, E. (2006), Understanding Knowledge as a Commons: From Theory to Practice, The MIT Press.

V. Manyikna, J. et al (2011), Big Data: The Next Frontier for Innovation, Competitiveness and Productivity, McKinsey Global Insitute. Disponible en: www.mckinsey.com/insights/business_technology/big_data_the_next_frontier_for_innovation Consultado el: 22/03/2014.

​VI. OD4D, 2011, Open Data for Development in Latin America and the Caribbean [online], ECLAC. Disponible en: http://www.od4d.org/about-the-project/ Consultado el: 22/03/2014.

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VIII. Ordnance Survey (2013), Assessing the Value of OS OpenDataTM to the Economy of Great Britain – Synopsis. OS Open Data Economic Value Study.

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X. Tupek, C. (1997), Quantitative Literacy, D Lib Magazine. Disponible en: http://www.dlib.org/dlib/december97/stas/12tupek.html Consultado el: 22/03/2014.

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XII. World Bank (2013), Open Data Essentials. Disponible en: http://data.worldbank.org/about/open-government-data-toolkit/knowledge-repository Consultado el: 22/03/2014.

 

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