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Publicado por en 05/03/2014 el Artículos de alumnos | 1 comentario

Liberalismo – ciudadanía – América Latina. Una ecuación truncada.

Escrito por Manuel Roa Maldonado.

Pese a críticas infundadas, que dibujan al liberalismo como un monstruo deshumanizador, corresponde aclarar en honor a la verdad, que no existe hasta ahora ningún sistema de ideas que apueste en tal grado por el desarrollo de la humanidad, sustentándose en la genuina creencia en el individuo, en el desarrollo de sus potencialidades y en la virtud de convivencia ciudadana que de él nace. Aunque esta última cualidad, para algunos autores liberales, debe ser limitada por los espacios que brinda para la presencia omnipresente y siempre coactiva del Estado, soy de los que se atreve a pensar que, la virtud cívica no se puede engendrar bajo otro sistema que no se afiance en los valores liberales; es decir, bajo el desarrollo en plena libertad del autoconocimiento individual y de la afirmación de un espacio colectivo, conformado por otros individuos que se atreven a reconocerse, hecho que se gesta del interés de cada uno de los miembros de la comunidad para que esta sobreviva. Acto que, como expuso von Mises, no se debe considerar como un sacrificio individual, sino como un beneficio mayor, que se obtiene al prescindir de beneficios poco significativos.

De esta manera, podemos empezar a entender el concepto de ciudadano, no desde un paradigma colectivista, de sacrificios altruistas que no conforman un medio, sino como fin en sí mismo, y empezar a comprenderlo desde una mirada individualista. Aunque el término evoque mezquindad, no debería guardar la más mínima relación, pues se entiende por individualismo, como ya esbozamos, al proceso de libertad, bajo el cual el individuo se hace parte de su proceso, se hace parte de sí, y por ende comprende el proceso de terceros, y toma conciencia de la importancia de los otros, en un proceso de cooperación social, que no castra el interés individual, sino que canaliza su desarrollo.

Sin duda esta premisa, subordina al Estado al poder ciudadano, y desde su esencia esta ecuación se ha debido percibir siempre de esta manera, sin desviaciones totalitarias, que han apostado siempre por la imposición del Estado, sobre la ciudadanía, bajo una mirada de desprecio, ya sea implícito o explicito, por esta última.

Estas mismas desviaciones son las que históricamente han venido dibujando, al espacio geográfico que habitamos y que llamamos Latinoamérica; que se ha configurado a través de procesos estatistas y personalistas, que ilustran desde Caudillos, que se alzaban bajo las regalías políticas de la emancipación de nuestras naciones, pasando por dictaduras militares, baluartes de occidente en la dinámica de Guerra fría, hasta Democracias civiles pero de profunda vocación estatista, y regímenes socialistas que si bien se postulan con la etiqueta “del siglo XXI”, guardan en teoría y práctica, las mismas características del socialismo intervencionista del siglo XX.  Todos estos sistemas, en menor o mayor grado, castraron la individualidad, muchas veces uniformando el pensamiento e ignorando o suprimiendo todo intento de crítica y disensión; generando mecanismos de dependencia económica y política, que configuraron una comunidad que ha desfigurado sustancialmente el valor ciudadano.

Desde allí podemos inferir, que los innumerables obstáculos latinoamericanos para formar sociedades con verdaderos valores ciudadanos, son producto de los mismos obstáculos que se le han puesto al desarrollo de sistemas auténticamente liberales, que pongan la responsabilidad de nuestro destino; no en personajes carismáticos que se apoderen del bienestar general, sino en individuos que se reconocen como parte de una comunidad, que se saben poseedores de derechos, pero que de igual forma reconocen sus deberes sobre lo público, es decir que se ponga la responsabilidad de nuestro destino sobre eso que se ha venido titulando como sociedad civil. Y es que este ha venido siendo el llamado de las actuales protestas, desarrolladas alrededor del mundo (Egipto, Turquía, Brasil, España, Venezuela) y que no pretendo homologar, pues guardan muchísimas diferencias producto de sus particularidades locales, pero que aun así logran identificarse en el llamado unánime, por sistemas plurales, que reconozcan de una vez por todas al ciudadano, y que respeten su opinión en un ambiente de libertad y justicia, un grito por sistemas cada vez más democráticos, cada vez más liberales.

1 Comentario

  1. Excelente artículo. Creo, que para que esto ocurra debe darse la Concienciación, producto de la movilización de la Conciencia,que debe darse de manera individual; de manera que, se produzca un pensamiento liberador que permita superar las situaciones y hechos, que tanto atormentan la vida cotidiana de las sociedades latinoamericanas.

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